La sarcopenia y el abordaje de la pérdida progresiva de masa y función muscular se consolida como el eje prioritario de la medicina geriátrica para garantizar una autonomía prolongada y una alta calidad de vida.
El envejecimiento activo trasciende la mera ausencia de enfermedad; se fundamenta en la capacidad funcional para continuar realizando las actividades de la vida diaria de forma independiente. Bajo el lema “Hacia una longevidad activa: ciencia, cuidado y comunidad”, el 66º Congreso Nacional organizado por la Sociedad Española de Geriatría y Gerontología (celebrado el pasado mes de junio de 2026 en Las Palmas de Gran Canaria) situó la preservación de la masa muscular en el centro del debate científico.
Durante el encuentro, especialistas de distintas disciplinas sociosanitarias coincidieron en señalar que la sarcopenia —el deterioro progresivo de la fuerza, la masa y la calidad del músculo esquelético— representa uno de los mayores factores de riesgo para la fragilidad, el aislamiento y la pérdida de autonomía en adultos mayores.
¿Por qué disminuye la masa muscular a partir de los 65 años?
La pérdida de tejido muscular es un proceso biológico natural que se acelera con el paso de los años si no se adoptan medidas preventivas. A partir de la sexta década de vida, la masa muscular puede reducirse entre un 1% y un 2% anual, mientras que la fuerza desciende a un ritmo aún mayor.
Este fenómeno no solo afecta a la movilidad articular o a la velocidad de la marcha; el músculo esquelético actúa como un auténtico órgano metabólico y endocrino fundamental para el equilibrio glucémico y la salud ósea. Cuando la sarcopenia avanza sin diagnóstico ni tratamiento, se incrementa notablemente la inestabilidad al caminar y el riesgo de sufrir tropezones o caídas graves dentro y fuera del hogar.
«El músculo es el verdadero seguro de vida de la autonomía funcional. Mantener la fuerza en las extremidades inferiores es la estrategia preventiva más eficaz frente a las fracturas de cadera y la dependencia», destacaron los ponentes del congreso clínico.
Nutrición adaptada: el combustible esencial para la síntesis proteica
Frenar la degradación muscular exige una estrategia conjunta donde la alimentación desempeña un papel determinante. Las guías alimentarias y recomendaciones institucionales del Ministerio de Sanidad insisten en la necesidad de ajustar el aporte de nutrientes a las particularidades fisiológicas del envejecimiento.
Para estimular la síntesis de proteína muscular en la madurez se requiere un aporte proteico diario superior al de la población joven adulta, situándose en torno a 1,2 y 1,5 gramos por kilo de peso corporal. Entre las pautas nutricionales clave para combatir la sarcopenia destacan:
- Proteína de alto valor biológico: Distribución homogénea en las tres comidas principales de alimentos ricos en aminoácidos esenciales, como pescado, aves, huevos, lácteos y legumbres.
- Aporte de Leucina: Este aminoácido esencial actúa como el principal disparador metabólico para la regeneración del tejido muscular.
- Supervisión de la Vitamina D: Indispensable para la absorción del calcio y para el óptimo funcionamiento de las fibras musculares de contracción rápida.
- Hidratación continua: Un músculo deshidratado pierde elasticidad y potencia, incrementando la fatiga ante pequeños esfuerzos.
Ejercicio de fuerza adaptado: la mejor prescripción no farmacológica
El consenso científico alcanzado en el foro nacional confirma que el entrenamiento de fuerza y resistencia no solo es seguro en la tercera edad, sino que constituye la intervención más efectiva para revertir la fragilidad. De acuerdo con las directrices internacionales sobre actividad física publicadas por la Organización Mundial de la Salud, los adultos mayores deben integrar ejercicios orientados a mejorar el tono muscular y el equilibrio al menos tres días a la semana.
El programa de acondicionamiento físico debe adaptarse siempre a la condición clínica e historial de cada persona, priorizando ejercicios funcionales como:
Levantarse y sentarse de una silla (Sit-to-stand): Fortalece los cuádriceps y glúteos, esenciales para la autonomía al levantarse de la cama o del sofá.
- Trabajo con bandas elásticas: Permite trabajar la fuerza de tracción y empuje en miembros superiores sin sobrecargar las articulaciones.
- Ejercicios de equilibrio dinámico y marcha: Desplazamientos laterales, elevación de talones y giros controlados para afianzar la propiocepción.
- Entrenamiento de doble tarea (Dual-task): Combinar el movimiento físico con retos cognitivos simples (como contar hacia atrás o nombrar objetos) para mejorar la respuesta del cerebro ante imprevistos en la vía pública.
La evidencia clínica demuestra que la implementación regular de rutinas de fuerza combinadas con equilibrio logra reducir hasta en un 40% el riesgo de sufrir caídas en personas mayores de 70 años. Proteger la salud muscular es, en definitiva, la mejor inversión para continuar disfrutando de un proyecto de vida activo, pleno y compartido en familia.


