En un mundo marcado por la inmediatez, la sobreinformación y la velocidad constante, el arte se convierte en un espacio de resistencia y pausa. Así lo demuestra la exposición “Un pam de llum”, del artista valenciano Juan Olivares, que puede visitarse en Barcelona, en la galería SELTZ by Ritter Ferrer, hasta el 17 de enero.
Esta muestra propone una mirada serena y profunda, donde la abstracción y la luz actúan como vehículos de introspección, alejados del estímulo rápido y del impacto inmediato que domina gran parte de la cultura visual actual.
Para muchas personas mayores, el arte contemplativo es también una forma de bienestar emocional, una invitación a detenerse, recordar y conectar con las propias sensaciones.
Juan Olivares: crear arte después de la adversidad
Un año después de que su estudio en Catarroja quedara devastado por la Dana, Juan Olivares presenta un trabajo que no huye de la experiencia vivida, sino que la transforma. Comisariada por José Luis Pérez Pont, la exposición no busca representar la realidad, sino abrir un espacio interior donde la pintura se convierte en experiencia.
“Dejar que la luz suceda” no es solo un concepto artístico, sino una actitud vital frente al exceso y la prisa.
En sus lienzos, la luz no es un efecto decorativo, sino un símbolo de transformación, una forma de reconstrucción íntima tras la pérdida.
Pintura por capas: memoria, gesto y emoción
La obra de Olivares se construye capa a capa, como si cada estrato guardara una parte de la memoria. Pigmentos que se expanden, transparencias que respiran y densidades que conservan la huella del gesto conforman un lenguaje visual donde nada se impone y todo sucede.
Lejos de describir formas reconocibles, sus piezas invitan a sentir antes que a interpretar. El color se convierte en un modo de comprender el mundo y la luz, en una revelación de lo invisible.
Este tipo de propuestas conectan especialmente con quienes valoran la observación tranquila, la experiencia emocional y el silencio, aspectos muy presentes en las actividades culturales dirigidas a personas mayores.
Dos exposiciones, una misma necesidad: volver a mirar
La muestra de Juan Olivares convive en la galería con “El momento preciso”, del artista madrileño Carlos Tárdez. Aunque sus lenguajes son distintos —la abstracción frente a la figuración—, ambos comparten una reflexión de fondo: la urgencia de recuperar la pausa.
Mientras Tárdez trabaja la narrativa suspendida, Olivares apuesta por el acontecimiento lumínico. Dos caminos diferentes que conducen a una misma idea: desacelerar para volver a ver.
El valor del arte en todas las etapas de la vida
El interés por el arte no tiene edad. De hecho, la cultura y la creatividad son aliadas fundamentales del envejecimiento activo, ya que estimulan la memoria, las emociones y el diálogo interior.
En este sentido, desde Ballesol se promueve el acceso a actividades culturales que fomentan el bienestar, la participación y la conexión emocional, convencidos de que cuidar también es ofrecer espacios para la sensibilidad y la reflexión.
Una invitación a la calma
Con “Un pam de llum”, Juan Olivares reafirma su lugar dentro de la abstracción contemporánea española, defendiendo una pintura que no pretende explicar la realidad, sino abrir un espacio de claridad. Una claridad mínima, silenciosa y profunda, especialmente valiosa en tiempos de ruido.
Porque, a veces, mirar despacio también es una forma de cuidarse.
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