¿Cómo tratar a un adulto con Síndrome de Down?

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Con motivo del Día Mundial del Síndrome de Down, hay que dar más visibilidad a las personas mayores que sufren este síndome, que necesitan unos cuidados más específicos de lo normal.

Día Mundial del Síndrome de Down
Día Mundial del Síndrome de Down

Las mejoras en el sistema sanitario, el aumento del nivel económico de las familias y el uso de tecnologías para el tratamiento de enfermedades han permitido una mayor esperanza de vida y una mejor calidad de vida tanto física como mental.

Estas mejoras también se han extendido a las personas con discapacidad, incluyendo a las personas mayores con Síndrome de Down, quienes ahora pueden vivir más tiempo de lo que se preveía anteriormente.

¿Qué asistencia necesitan las personas con Síndrome de Down?

Actualmente, estas personas requieren de servicios sanitarios, de ocio, entretenimiento, deportivos y recursos sociales similares a los de cualquier otra persona mayor, tales como plazas en centros geriátricos, centros de día, servicios de ayuda a domicilio y otros recursos.

El Síndrome de Down es un trastorno cromosómico que se caracteriza, entre otras cosas, por una discapacidad intelectual que puede oscilar entre moderada y grave, y por una tendencia a envejecer prematuramente que comienza alrededor de los 45 años.

Sin embargo, el proceso de envejecimiento es similar al de cualquier otra persona.

Si se adoptan estilos de vida saludables, los problemas de salud se verán menos afectados.

Para proporcionar el cuidado y la atención adecuados a las personas mayores con Síndrome de Down, se necesita personal y familias capacitados que estén atentos a los cambios que se producen y que actúen a tiempo en cada caso.

¿Cuáles son los problemas de salud más comunes de este síndrome?

Entre los problemas de salud más comunes que se presentan en la vejez se encuentran la pérdida sensorial, incluyendo disminución de la vista y problemas de cataratas, así como pérdida de audición.

Otros problemas comunes incluyen el hipotiroidismo, la apnea obstructiva del sueño, la osteoartritis, los problemas de la columna vertebral, la osteoporosis, y la enfermedad de Alzheimer, entre otros.

Además, el envejecimiento también puede aumentar el riesgo de desarrollar depresión, ansiedad, trastornos obsesivo-compulsivos y alteraciones del comportamiento.

En resumen, el Síndrome de Down es una enfermedad seria y a menudo debilitante para las personas mayores, pero gracias a los avances en la investigación médica y el cuidado de apoyo, es posible mejorar la calidad de vida y prolongar la vida de los pacientes.

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¿Por qué elegir una residencia de ancianos?

En una residencia ancianos están capacitados desde un punto de vista sociosanitario, estructural y tecnológico para contar tanto con residentes autónomos como personas mayores que presenten diferentes grados de dependencia, mejorando la calidad de vida del usuario y las familias, brindando una adecuada cobertura de sus necesidades.

Ballesol pone a tu disposición, a lo largo de la geografía española, residencias que cuentan con unidades especializadas con las mejores comodidades, destinadas a:

  • Personas mayores de 60 años.
  • Personas autónomas.
  • Personas con autonomía reducida.
  • Personas con diferentes grados de dependencia.
  • Personas que precisan de cuidados de profesionales expertos, por ejemplo, para estancia tras intervención osteoarticular, recuperaciones post-operatorias
  • Personas con diferentes tipos de demencia: residencias Alzheimer, demencia avanzada…
  • Personas que presenten diferentes tipos de trastornos neurológicos: sensitivo-motores, hemiplejias, paraplejias, secuelas de politraumatismos severos, susceptibles que necesiten una residencia rehabilitación, recuperaciones de ictus, etc.
  • Personas diagnosticadas de: Síndrome de Down, Síndrome de Usher, oligofrenias severas, enfermedad de Huntington, esquizofrenia, otros trastornos, Parkinson –residencia de mayores Parkinson-.
  • Personas que por consecuencia de pérdidas anatómicas o funcionales, necesiten la asistencia de otra persona para realizar las actividades básicas de la vida diaria y buscan, por ejemplo, una residencia para personas con artritis.
  • Personas que no necesiten atenciones de forma continuada en instituciones sanitarias pero si de profesionales de la salud, por ejemplo, una residencia con fisioterapia.
  • Personas que, por descanso de un familiar –respiro familiar– necesitan el apoyo de la residencia de forma temporal.

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